La catedrática de Nutrición Ana María López Sobaler destaca el valor del huevo en la función cognitiva y el desarrollo infantil y adolescente
La catedrática de Nutrición de la Universidad Complutense de Madrid (UCM), doctora en Farmacia, miembro de la Academia Española de Nutrición y Ciencias de la Alimentación, y portavoz y vocal de la Comisión Delegada de Instituto de Estudios del Huevo, Ana María López Sobaler, intervino recientemente durante las Jornadas de Nutrición de la propia universidad con una ponencia sobre el papel del huevo en el desarrollo y la función cognitiva de niños y adolescentes, destacando su relevancia como alimento estratégico en etapas clave de crecimiento.
“El huevo es un alimento muy nutritivo, que juega un papel estratégico en la alimentación de los niños pequeños y de los adolescentes”, señaló durante su intervención, en la que puso en valor su perfil nutricional. En este sentido, explicó que aporta proteínas de alta calidad fácilmente utilizables por el organismo, grasas mayoritariamente insaturadas, vitaminas del grupo B —especialmente biotina y vitamina B12—, además de vitaminas A y D y minerales como hierro, zinc y selenio.
López Sobaler detalló que estos nutrientes “son fundamentales para el crecimiento, la defensa inmunitaria y el desarrollo neurológico”, lo que convierte al huevo en “un vehículo muy eficiente para ayudar a cubrir los requerimientos nutricionales sin un exceso calórico” en etapas de crecimiento y maduración cerebral. Además, subrayó su accesibilidad económica y su versatilidad en la cocina, junto con su bajo contenido calórico en un contexto marcado por la alta prevalencia de sobrepeso infantil.
También hizo hincapié en que el interés nutricional del huevo “va más allá de su contenido en proteínas” y se centra cada vez más en sus componentes bioactivos. Entre ellos destacó la colina, presente principalmente en la yema, que “es necesaria para la síntesis de acetilcolina, un neurotransmisor clave en la memoria y la atención”, así como para el correcto funcionamiento de las membranas celulares y procesos metabólicos relacionados con el riesgo cardiovascular.
Asimismo, puso el foco en la luteína y la zeaxantina, carotenoides con “marcado poder antioxidante y antiinflamatorio” que, pese a encontrarse en menor cantidad que en algunos vegetales, presentan en el huevo una mayor biodisponibilidad. “Se acumulan especialmente en la retina y en áreas cerebrales relacionadas con la cognición”, indicó.
La experta recordó que existe evidencia científica que respalda el papel de estos compuestos en la función cognitiva no solo en los primeros 1.000 días de vida, sino también durante la infancia y la adolescencia. “La inclusión de huevo en la dieta de escolares y adolescentes se asocia con patrones alimentarios de mayor contenido de colina, vitamina D, selenio y vitamina B2”, manifestó, al tiempo que advirtió de que su exclusión “se asocia a una clara disminución en la ingesta de colina”.
Además, destacó su impacto en contextos de vulnerabilidad nutricional, y señaló que “el huevo contribuye al crecimiento lineal y desarrollo cognitivo en poblaciones infantiles de países de ingresos medios y bajos con elevado riesgo de desnutrición”, lo que refuerza su papel en la alimentación infantil desde una perspectiva global.
El huevo en la mesa familiar y su impacto en la salud infantil y adolescente
Durante su comparecencia, López Sobaler comentó que el impacto del huevo en la salud depende en gran medida del entorno familiar. “Las decisiones de compra, las preferencias culinarias, las creencias sobre los alimentos y la organización de las comidas por parte de las familias influyen directamente en el consumo de huevo”, explicó.
En este sentido, alertó de que los datos de consumo en España reflejan que “las familias jóvenes y los hogares con niños pequeños se sitúan por debajo de la media de consumo”, precisamente en una etapa en la que las necesidades nutricionales son más elevadas.
Entre los factores que explican esta situación, mencionó la persistencia de mitos relacionados con el riesgo cardiovascular. Sin embargo, aclaró que “la evidencia actual indica que, en personas sanas, el consumo de hasta un huevo diario no se asocia a un mayor riesgo cardiovascular”, insistiendo en que lo determinante es el patrón dietético global y el estilo de vida.
Asimismo, quiso hacer hincapié sobre el papel creciente de los alimentos ultraprocesados, "se recurre cada vez más a productos más caros y menos nutritivos", y puso el ejemplo del huevo, “un alimento barato y muy nutritivo, que gusta a la mayoría de los niños y adolescentes, se utiliza poco en las comidas familiares”, lamentaba.
Recomendaciones y formas de consumo
En relación con las recomendaciones dietéticas, la experta señaló que “no existe evidencia que justifique la restricción sistemática del huevo en niños y adolescentes sanos”. En el marco de una dieta equilibrada, su consumo puede variar desde “3-4 huevos por semana hasta un huevo diario”, adaptándose a la edad, la actividad física y el momento de crecimiento.
Respecto a su preparación, resaltó la importancia de garantizar la seguridad alimentaria y evitar excesos de grasa y sal. “Las preparaciones más adecuadas son las que mantienen texturas fáciles de masticar y resultan bien aceptadas”, como los huevos cocidos, escalfados, revueltos o en tortilla con poca grasa, indica, y desaconsejando el consumo de huevo crudo o poco cocinado en niños pequeños.
"Es preferible elegir métodos de cocinado que no añadan grasas en exceso a la dieta, reservando frituras y rebozados para ocasiones puntuales. En general deben evitarse los huevos crudos (y sus preparaciones) o poco cocinados, especialmente en los niños de más corta edad por el riesgo de infecciones, mientras que las cocciones demasiado largas o las frituras muy intensas pueden hacer que el huevo resulte 'gomoso' y poco apetecible. El huevo también forma parte de otras preparaciones como ensaladas, cazuelas, tortillas rellenas y revueltos que permiten incorporar vegetales y que, en general, tienen buena aceptabilidad entre niños y adolescentes", recomendó la experta.
Finalmente, concluyó recordando que “el huevo es un alimento de gran valor para la alimentación de niños y adolescentes”, tanto por su perfil nutricional como por la evidencia de sus beneficios potenciales. No obstante, para que estos se materialicen “es importante abordar las barreras que limitan su consumo y los patrones de consumo familiar”, apostando por ofrecer a las familias información clara y recomendaciones actualizadas.
